¿Sabías por qué tus elecciones de pareja se parecen tanto entre sí?

¿Te has preguntado por qué vuelves a repetir los mismos patrones, incluso cuando prometes que esta vez será diferente? ¿Y por qué solemos llamar “destino” a lo que, en el fondo, es repetición?

Muchas personas llegan a consulta diciendo:

“Siempre me involucro con personas emocionalmente no disponibles.”
“Siempre termino siendo yo quien da más.”
“Siempre elijo a alguien que me hace sentir insegura.”

Entonces aparece una explicación cómoda:

“Es mi mala suerte.”
“Es mi destino en el amor.”

Pero, ¿y si no fuera destino?

Cuando algo se repite con insistencia en la vida afectiva, el psicoanálisis no lo interpreta como azar. Lo piensa como expresión de un proceso psíquico que aún no ha sido comprendido.

Hay experiencias emocionales que, por su intensidad o por el momento en que ocurrieron, no pudieron elaborarse completamente. No desaparecen, sino que quedan inscritas en la vida psíquica y, muchas veces, buscan actualizarse en nuevos vínculos.

Aquello podría parecer desde fuera como una casualidad; mientras que, desde dentro, se vive como algo inevitable.

Clínicamente, puede tratarse de repetición.

En Recordar, repetir y reelaborar (1914), Sigmund Freud formula una idea central para comprender este fenómeno: el paciente “no recuerda lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa” (Freud, 1914, p. 152). En lugar de acceder al recuerdo como algo del pasado, lo reproduce en el presente, sin advertir que se trata de una repetición.

Más adelante, Freud precisa que el paciente llega a comprender que esa actuación constituye su modo particular de recordar: “uno comprende, al fin, que esta es su manera de recordar” (Freud, 1914, p. 152). Así, la repetición no es un simple error en la elección, sino una forma en que lo inconsciente insiste en traer al presente aquello que no ha sido elaborado.

Desde esta perspectiva, lo que se vive como “destino” puede ser la actualización de una escena psíquica antigua que aún no ha encontrado un espacio para ser pensada.

No se trata de culpar a la persona por lo que elige, sino que, se trata de comprender desde dónde elige, el origen del porqué de sus elecciones actuales, del porqué de la repetición.

Freud no propone simplemente dejar de repetir. Propone un proceso: recordar y reelaborar. Recordar implica hacer consciente aquello que estaba reprimido. Reelaborar supone trabajar psíquicamente esa experiencia hasta que pierda la necesidad de expresarse mediante la repetición.

Ese trabajo no suele lograrse en soledad. La psicoterapia ofrece un encuadre donde lo que se repite puede volverse visible, pensable y transformable.

Cuando algo de lo inconsciente se hace consciente, la vivencia de destino comienza a modificarse. No porque la historia desaparezca, sino porque deja de operar silenciosamente.

Si reconoces patrones que se reiteran en tu vida afectiva, quizás no se trate de mala suerte. Tal vez haya una historia que aún no ha podido ser elaborada y comprenderla puede abrir la posibilidad de elegir de otra manera.


Referencia

Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis II). En Obras completas (Vol. 12, pp. 145–157). Amorrortu. Recuperado de https://www.psicopsi.com/wp-content/uploads/2021/05/Freud-Amorrortu-12.pdf





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